Londres, Episodio
6,
OBJETIVOS
[LEA EL PROLOGO]
[SUMARIO DE EPISODIO I]
[SUMARIO DE EPISODIO II]
[SUMARIO DE EPISODIO III]
[SUMARIO DE EPISODIO IV]
[SUMARIO DE EPISODIO V]
[SUMARIO DE PÁGINAS 74, 75, 76 Y
77] 25/May/01
Podemos ver el exterior de una habitación, guardias armados en la
puerta. Escuchamos los pensamientos de una
figura que no es revelada. Habla sobre lo confortable que ha sido la vida en los últimos
años. Desde su punto de vista, ahora nos adentramos en la habitación, lujosamente
decorada. Observamos una cama, una completa biblioteca y un fornido escritorio. La voz
habla del orden de las cosas... y de la perpetuidad de las cosas ordenadas.
Nos adentramos en la intimidad de este personaje, aún si descubrir de quién se trata.
Hay una vieja foto en un pequeño cuadro. ¿Su esposa? ¿Su hija?. La voz continúa; No todas las cosas son eternas, al menos no por
el momento. Un par de anteojos son removidos y la imagen alrededor se vuelve borrosa. La
voz sigue argumentando, mientras limpia con un pequeño paño los cristales, acerca de los
últimos arreglos sobre un tema que desconocemos. A su diestra de pronto advertimos que
tiene una pistola Walter. Se asegura que nada salga mal y que todo el proceso sea
conducido limpiamente.
Kreutz está
sentado en la posición de loto. Parece meditar, sin embargo está concentrado en un
enemigo furtivo que avanza por detrás de él, cuchillo en mano. Sin embargo los reflejos
prodigiosos del villano reaccionan a la perfección y, girando sobre sus propias
espaldas, se incorpora con la ayuda de sus brazos, para descargar una feroz patada con
amabas piernas en la mandíbula de su asaltante, otro soldado en ropas de entrenamiento.
En microsegundos Kreutz mantiene un diálogo consigo mismo, preguntándose si podrá
derrotar al Asesino. Durante este tiempo, mientras aún está en el aire y su oponente
cayendo, la confianza en la disciplina crece en su mente, aunque una cosa está clara: El
Asesino será su máximo rival hasta el momento. Kreutz cae con todo su peso dirigido en
las rodillas sobre las costillas del soldado. Un sonido de huesos quebrados no deja lugar
a dudas: el Asesino no es el único que está entrenado para matar en segundos.
Es un día soleado en Londres. La noche eterna ha terminado y dos
figuras conocidas se mezclan entre la gente.
John y el Asesino parecen pasear por las
atestadas calles del típico Camdem Town, un
mercado tan famoso como antiguo. La multitud se agolpa sobre kioscos y tiendas como si se
tratase de una marea humana. El descanso le ha hecho bien al rostro de John; se lo ve
menos preocupado y sus gestos son más seguros. Sin embargo está preocupado por las
razones que traen a su acompañante a la ciudad. El
Asesino es un monumento de roca: Sus facciones se endurecen y la campera negra y los
anteojos oscuros no hacen más que confirmar su dureza.
[SUMARIO DE PÁGINAS 78, 79,
80 Y 81] 08/Jun/01
El Asesino le asegura a John que definitivamente él no
está allí por la vida nocturna. Ha captado un 'trazo'. John vuelve a la carga con más preguntas.
Caminan entre pubs, restaurantes y pintorescas tiendas de moda. El Asesino, incómodo con
su falta de experiencia a la hora de las explicaciones físicas de sus poderes aclara
simplemente que él siente esas cosas. John no parece muy convencido. El Asesino ofrece
contactar a Michael, quien asegura, explica 'esas cosas' mucho mejor que él.
Ambos entran al
pub llamado The Lyon's Head, (la Cabeza del León), un antiguo lugar construido en un estilo Tudor reciente, buscando privacidad para
contactar a Michael. El propietario del lugar, tras la barra, los observa silenciosamente
ingresar y dirigirse al baño de hombres. John está completamente tenso sobre la
situación toda, pero sigue al Asesino sin dudar. Una vez dentro del pequeño lugar el
Asesino descubre su comunicador de muñeca y lo enciende. Contacta a Michael, quién se
encuentra en el hostal.
Michael responde el llamado desde la
pequeña pantalla de cristal líquido. El Asesino le dice al rubio
científico que John quiere saber qué son los 'nodos'. Michael comienza su explicación
preguntando si John recordaba a los caminantes de Sueños, diciéndole que los mismos
están conectados a la Gema, pero que el enlace se vuelve débil en la medida que la Gema
está alejada del caminante. Cada gema tiene siete nodos, dice Michael, puntos en el
multiverso que pueden transmitir su poder hacia cada caminante.
John se pregunta si el sistema de enlace y transmisión de estos nodos no es similar al de
los teléfonos celulares. Michael acuerda que el principio y la comparación son
correctos, pero que uno nunca podría transmitir un ser vivo a través de una red
telefónica. Los nodos administran la estructura de
control de la Gema. Si el nodo es destruido, entonces el poder que pesa sobre el Caminante
de Sueños desaparece, o al menos desciende hasta un punto en el que puede evaporarse. En
otras palabras: Los caminantes quedan en libertad. De repente alguien golpea la puerta con
estruendo preguntando si van a estar allí dentro del baño todo el día. Ambos salen y se
dirigen a la calle. John pregunta si hay un nodo en Londres. El Asesino, con toda calma y naturalidad le responde que no.
[SUMARIO DE PÁGINAS 82, 83, 84 Y 85] 22/Jun/01
Por supuesto, esto enoja a John un poco. Siente que su peregrinaje por las calles, pubs y baños de
Londres ha sido sin motivo aparente ya que la ciudad no es un nodo. El Asesino le dice
entonces que Londres es mucho más importante que un nodo. ¿Más importante?. Londres es el sitio de una Gema. Mientras
continúan con su caminata, John argumenta que tenía entendido que las gemas habitaban a
los caminantes de sueños. El Asesino le explica que es así en la mayoría de los casos,
pero también las gemas necesitan alguien más permanente, que posea ciertas estructuras
físicas y sociales que les permitan llevar a cabo sus intenciones de perseverar física y
económicamente.
John pregunta si es eso lo que está buscando. Ante la respuesta afirmativa del Asesino,
John pregunta nuevamente dónde está el objetivo entonces. El Asesino apunta su dedo
hacia arriba y dice 'Ahí'. El horror en la cara de John refleja la imagen del sitio
dónde apunta el Asesino: el domo de la Catedral de Saint Paul, sede Londinense de la
iglesia anglicana.
Michael se encuentra solo en los improvisados cuarteles en la posada. Medita, piensa para
sí. Piensa en el disgusto que le
causa esta clase de momentos. La inercia de la inacción, cuando el Asesino está en una
misión y él está imposibilitado para actuar físicamente. Viejos recuerdos de días
pasados invaden su memoria. Sólo cuando están tras un caminante de sueños está
concentrado, y sin embargo, la reacción es falsa, teledirijida. Michael, piensa otra vez.
La introspección no lleva a ningún lugar. Debe volver a su vigilancia permanente...
Aunque algunas veces, cuando el tiempo corre lentamente... De pronto Michael se levanta,
deja su libro sobre un estante y sale de la habitación.
John y el Asesino irrumpen en la habitación dónde se encuentra Michael, discutiendo.
John furioso y preocupado, el Asesino, impávido. El Asesino, con la calma que lo caracteriza -cuando está calmo- sostiene que él dice la verdad.
John entonces busca en forma intempestiva la opinión de Michael, quién está más que
confundido sobre los motivos que motivan la discordia. El muchacho le dice que 'el
maniático' del Asesino quiere 'volar' la Catedral de Saint Paul. Este comentario irrita
al Asesino quién aclara que eso no fue exactamente lo que dijo. Entonces John le pregunta
por qué apuntó al recinto religioso cuando él preguntó por el escondrijo de la Gema.
Al confirmar que ese era el lugar dónde la Gema habitaba John, completamente desencajado
saca la conclusión que si efectivamente el
objetivo está allí, la catedral será destruida.
[SUMARIO DE PÁGINAS 86, 87, 88, 89 Y 90] 06/Jul/01
El Asesino, visiblemente disgustado responde que
no es el objetivo destruir el edificio. Michael confirma esto también, intentando poner paños fríos a la
situación. John se sienta y pregunta disgustado por qué entonces había apuntado hacia
Saint Paul cuando él preguntó por la Gema. El Asesino dice "Porque allí está
él". John bromea sobre la posibilidad de que estén planeando liquidar a un obispo.
El Asesino lo niega, John agradece al cielo juntando las manos sobre su cara. Pero es
Michael quien le dice que se trata en realidad del Deán de la catedral.
John reacciona casi con violencia al escuchar las palabras de Michael. Grita que su
familia es estrictamente religiosa y que se irá al infierno si
los deja continuar con, lo que él piensa, terminará en la destrucción de la Catedral de
Saint Paul. El Asesino lo desafía entonces a abandonar el sitio y volver al mundo real,
si se atreve a cargar con el conocimiento de la verdad. John baja su cabeza y por unos
momentos hay silencio entre los tres. Luego se disculpa y sale por la puerta
La noche se cierne sobre Londres. La ciudad
comienza por retrasar su ritmo hasta que ya nadie
queda en las calles. Una vez que la noche está instalada, todo vuelve a la vida. Jóvenes
invaden el corazón de la ciudad en busca de diversión. Sin embargo, dos fuerzas opuestas
también se preparan para una larga noche de encuentros furtivos. Sus fuerzas responden al
Caos y al Orden. Su campo de batalla: La Catedral de Saint Paul.
Las sombras se
alargan en el piso y todo es naranja fluorescente gracias a la iluminación proveniente de
la calle. Un guardia custodia una entrada lateral al santuario. No advierte que a sus
espaldas una sombra con forma extraña se arrastra hacia una puerta cerrada. La puerta se
abre silenciosamente y la sombra se introduce en el recinto ante la ignorancia del hombre armado. El Asesino ha penetrado en
Saint Paul. Podemos ver a través de sus lentes que descomponen la oscuridad de un pasillo
en una imagen computada con datos y lecturas estructurales. Michael, desde la base, es el
encargado de guiar al Asesino en su incursión. Éste parece preocupado por la posible
ubicación de los guardias.
Michael sugiere
que los guardias deben estar en el primer piso, dónde los dormitorios, y advierte al
Asesino de dirigirse a otro destino en primer lugar. Sin embargo el Asesino no es hombre
de cálculos y especulaciones, por lo que decide ir directamente hacia el corazón del asunto. Un guardia flanquea uno de los
corredores. El Asesino, en su forma de sombra rastrera, se proyecta por detrás del mismo.
El guardia gira sobre sí y advierte a quién esté allí con un fuerte
"¡Alto!". La linterna de su arma revela una bata colgada de un perchero en la
oscura habitación a dónde la sombra pareció ingresar. Error. El Asesino toma del cuello al hombre con
sus dos brazos y lo neutraliza.
[SUMARIO DE PÁGINAS 91, 92, 93, Y
94] 20/Jul/01
El Asesino avanza por
los pasillos oscuros de la iglesia,
barriendo uno por uno a los guardias armados. El segundo en caer recibe un paralizante
rodillazo en el pecho. El tercero y el cuarto sucumben frente a un cuchillo, de una manera
algo más sangrienta. El quinto hombre es sorprendido y neutralizado a
través de un químico que lo pone a dormir, mientras que el sexto y el séptimo son
reducidos con cinta de embalaje. Al final de su recorrido, el Asesino ingresa en un
pasillo que resulta familiar a los lectores. Otros dos guardias custodian una pesada
puerta de madera.
Ambos guardias observan cual estatuas de cera
rodar por el suelo alfombrado un pequeño objeto que parece una moneda. El primero de
los guardias le pregunta al otro "¿Qué fue eso?". Ante la interrogativa, ambos
deciden chequear esa pequeña situación, temiendo que el no hacerlo pueda desencadenar
algún mal mayor. En su contra, tienen la orden estricta de Kreutz de no mover un pelo del
frente de esa habitación. El guardia número dos se aproxima a la moneda que se ha
detenido cerca de la esquina del pasillo, la levanta y confirma a su compañero que se
trata justamente de eso: una moneda. De pronto, de la pequeña "moneda" sale
despedido un gas de tono verdoso nublando su vista y afectando sus pulmones.
Inconsciente el
segundo guardia que había ido a investigar, el primero intenta taparse la boca y la nariz
para evitar respirar el químico. En ese momento de
confusión, divisa una sombra neblinosa que se aproxima. Confundiendo a esta figura con
otro guardia le pide, entre toses, que le avise a Kreutz. Por respuesta recibe una patada
en el mentón y cae fuera de combate. Se trata del Asesino, por supuesto. La puerta es
ahora suya. Inmediatamente detecta que la misma tiene una alarma conectada y está
cerrada. Con el poder de su mente y mucha concentración logra evadir el mecanismo y abrir
la puerta.
El interior de
la habitación esta en tinieblas. El Asesino ingresa cuchillo en mano y sus lentes cambian a modalidad termal
para poder "ver" en la oscuridad. Es así como detecta un punto de calor en la
cama dos metros adelante. En silencio avanza y cuando está sobre el objetivo descarga el
cuchillo en forma precisa y violenta. Sin embargo se escucha un sonido extraño, como si
sólo una gruesa almohada hubiese sido perforada, y a continuación un leve sonido de
cortocircuito. Las luces se
encienden y un confundido y sorprendido Asesino descubre que Kreutz está sobre sus
espaldas. "Frazada eléctrica"
dice él con su sonrisa torcida.
[SUMARIO DE PÁGINAS 95, Y 96] 03/Ago/01
En un rápido
movimiento Kreutz patea al Asesino en la mandíbula. Tomado por sorpresa, el Asesino no puede más que recibir un
certero pie izquierdo en pleno rostro, perdiendo sus anteojos especiales en el impacto. La
potencia del golpe abre el labio inferior del Asesino y lo deja semi inconsciente. Kreutz
se sabe en control de la situación y comienza a fanfarronear diciendo que esperaba mucho
más del Asesino. Sin mayor pausa que sus propias palabras le asesta una segunda patada
directo al estómago. El Asesino se dobla de dolor. Kreutz continúa divirtiéndose y
repitiéndole a su dolorida víctima que no se trata de un juego, que debió haber
planificado todo con mayor cautela. En medio del palabrerío el Asesino nota que el
cuchillo que ha dejado caer luego del inesperado ataque está a escasos centímetros de su
mano. Pero el esfuerzo muere aplastado por un zapato de líneas finas. Kreutz pisa la
muñeca del Asesino destruyendo también su comunicador. Completamente sobrepasado por las
circunstancias, el Asesino es izado en vilo por Kreutz quien parece listo para aplicar un
castigo final.
Ambos hombres
representan las dos caras de una batalla. Kreutz luce triunfante y amenazador, como si el poder de
un dios perverso escapase de su persona, en cambio, el Asesino, cuelga de las solapas de
su abrigo, sangrando y fláccido como una marioneta quebrada. El rostro de Kreutz se
regocija de la situación y con voz potente y estentórea le informa al Asesino que está a punto de pagar el
precio de su intromisión.
fin del Episodio
VI
Episodio
VII - Cálculos Furtivos
El Assassin
Team
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