Londres, Episodio
7,
CALCULOS
FURTIVOS
[LEA EL PROLOGO]
[SUMARIO DE EPISODIO I]
[SUMARIO DE EPISODIO II]
[SUMARIO DE EPISODIO III]
[SUMARIO DE EPISODIO IV]
[SUMARIO DE EPISODIO V]
[SUMARIO DE EPISODIO VI]
[SUMARIO DE PÁGINAS 97, 98 Y 99]
03/Ago/01
Una figura se aproxima a una pesada puerta de madera por
un corredor. Vestido a la usanza de los
religiosos, con un traje de color púrpura, y aunque se encuentra de espaldas, podemos
advertir que se trata de un hombre mayor. Nos llegan sus pensamientos, todos ellos
relacionados con la nostalgia de tener que abandonar el lugar. La puerta se abre revelando
una enorme estancia con filas de bancos y unas discretas antorchas en las paredes de
piedra. Se trata de la nave principal de la catedral de Saint Paul. Ahora podemos ver el
rostro de esta persona. Tras sus anteojos anticuados y su aspecto de anciano se esconde
una personalidad dura como el acero. Se dispone a dar una última vuelta al lugar que
considera su hogar después de tantos años de servicios, aunque se recuerda a sí mismo
la advertencia de Kreutz. Se dirige hacia el altar cuando de pronto una voz joven,
proveniente de las últimas filas, requiere su atención. La Gema se pregunta
"¿Quién diablos anda ahí?"
La persona joven que ha hablado se identifica como John Pearson, obviamente el John que
hemos conocido. La Gema al principio se ve sorprendido por la presencia del muchacho, a
quién vagamente recuerda. Cuando John le advierte sobre un asesino que viene en camino
para eliminarlo, la Gema recuerda al joven. Su cara de desconcierto entonces cambia
rotundamente. Con una amplia sonrisa le responde a John que no se preocupe, que él ya
está al tanto de esa situación. John, con ojos incrédulos se queda estático. Entonces
la Gema agrega que también lo conoce a él... y, creando un breve suspenso, lo llama
"pequeño soñador". Sus ojos despiden malignidad extrema. El horror de una
pesadilla pasada entra a la mente de John. Se acaba de dar cuenta quién es el regordete
hombre que tiene por delante de él y qué estúpida ha sido su acción.
Sin embargo, ese segundo interminable
en el cual el miedo de John y
la codicia de la Gema se mantienen en suspenso, se quiebra en mil pedazos. Literalmente. El inmenso vitreaux con imágenes de santos y
mártires religiosos se parte en cientos de trozos multicolores con el cuerpo golpeado y vencido del Asesino, quién ha sido
arrojado por manos ocultas desde detrás del mismo.
[SUMARIO DE PÁGINAS 100, 101, 102
Y 103] 17/Ago/01
El cuerpo del Asesino aterriza duramente sobre el borde
del altar. Está totalmente fuera de
combate, o casi. Su pelea con Kreutz ha sobrepasado sus límites de tolerancia. Un Kreutz sonriente se asoma a través de los despojos de la ventana,
preguntando irónicamente al Asesino si siente dolor. Mientras le advierte que se trata
sólo de un anticipo de lo que está por sentir, atraviesa el roto vitreaux en busca de su
maltrecha presa. Sin mayor advertencia vuelve a descargar su pie con furia sobre el
estómago del Asesino. En ese momento una voz mayor resuena en el recinto: "¡Qué
diablos crees que estás haciendo!"
Kreutz se da vuelta y ve aproximarse a su patrón directo, la Gema, severamente
contrariado por el curso de los eventos. Kreutz le pregunta qué es lo que está haciendo
ahí, a lo cual la Gema le responde furioso "¡Vivo aquí, imbécil!". La Gema
está enojado por haber perdido a John, quién corrió, aunque a Kreutz parece importarle
por sobre todo la seguridad de su jefe. Esta discusión le ha otorgado al Asesino unos
segundos para recuperar un poco la consciencia y darse cuenta que Kreutz discute con
alguien. Su visión vuelve paulatinamente y enfoca a su verdugo primero, luego advierte la
presencia de este personaje robusto. Algo le resulta familiar, aunque no con este aspecto.
De pronto su cabeza se aclara: Se trata de su objetivo primario, la Gema.
Kreutz le
recomienda a la Gema volver a la habitación segura. Considerando esta breve interrupción
el Asesino junta todas su fuerzas y se abalanza sobre Kreutz, derribándolo en el proceso.
Las manos del Asesino buscan desesperadamente dar con el cuello de Kreutz, pero éste se
defiende como un fiera y un nuevo golpe aterriza en pleno rostro del Asesino. Aún no
derrotado, el Asesino le da un rodillazo a su oponente, pero casi de inmediato, y aunque
dolorido, Kreutz ejecuta un pirueta digna de Bruce Lee pateando su mandíbula. De
momento ambos hombres se han neutralizado mutuamente. Kreutz aprovecha este momento para
sacar su arma, mientras con un dejo de ironía le pregunta al
Asesino si le queda algún otro truco restante. Antes de que Kreutz pueda hacer algo con
el arma, el Asesino responde diciendo que le quedan un par, y ejecuta una barrida con su
pierna derecha, obligando al ejecutivo a perder pie y soltar la pistola.
El Asesino
aprovecha esta ocasión para correr en dirección de un de los gruesos pilares cercanos y
recuperar fuerza y claridad mental. Su rostro es el vivo ejemplo de una pelea de boxeo,
sin embargo, aún dista de estar completamente derrotado. Se sabe en grandes problemas y una sensación de frustración lo desborda. Ha tenido a la Gema
a su alcance y no ha podido destruirlo. De su bota extrae una pequeña pistola
automática. Se escucha la voz de Kreutz quién a los gritos desafía al Asesino a salir a
pelear cuerpo a cuerpo, aunque ambos saben que cuentan con más armas que sólo los
puños. El Asesino revisa sus bolsillos para descubrir que sólo le queda un puñado de
objetos en forma de monedas, que en realidad son luces de bengala. Lamenta no poseer
granadas comunes o granadas químicas, así que allá va su estrategia. Se calza un nuevo
par de anteojos oscuros y lanza las bengalas
en dirección a Kreutz, quien arma en mano, está listo para disparar.
[SUMARIO DE PÁGINAS 104, 105, 106
Y 107] 31/Ago/01
Las bengalas ciegan a
Kreutz, y comienza a disparar a ciegas errando
al cuerpo del Asesino por muy poco. El Asesino corre entre el humo, ayudado por sus
lentes infrarrojos, devolviendo el fuego. Kreutz es alcanzado por uno de los disparos, que
atraviesa su hombro limpiamente. La inercia del impacto lo arroja al suelo. Estos momentos
son aprovechados al máximo por el Asesino, quién corre a su nueva ubicación para
contraatacar.
Kreutz, sin
embargo, no ha quedado fuera de combate. Mientras internamente se maldice a sí mismo por
subestimar al Asesino. Se reincorpora entre la densa humareda provocada por las luces de
bengala y comienza a desplazarse simulando estar aún cegado por ellas. Con sus brazos y manos revisando a tientas el
espacio, mientras busca ubicación estratégica junto a una columna, divisa una figura
agazapada al final de la fila de bancos. En ese momento Kreutz deja la actuación y
rápidamente extrae su otra arma apuntando en dirección a su presunta presa...
...Revelando
ser una trampa. La imagen ha sido colocada sobre el último de los bancos para atraer a
Kreutz, una imagen de la Virgen. Kreutz sólo tiene tiempo de hacer una mueca de sorpresa, ya que
inmediatamente el cuerpo del Asesino se abalanza sobre su humanidad. Con un rápido y
devastador golpe al estómago, el Asesino deja inconsciente al guardaespaldas. Se
reincorpora y se dirige nuevamente hacia el altar; su objetivo: la Gema. Sin embargo
considera que no es prudente dejar vivo a Kreutz. Chequea sus municiones entre las cuales
sólo encuentra un par de bengalas más, un cuchillo oculto bajo su manga y un arma con
dos disparos más.
De pronto el
Asesino se da cuenta de la presencia de una de las armas de Kreutz olvidada frente al
altar, a descubierto, demasiado fácil de agarrar, aparentemente. El Asesino, que no deja cabo sueltos, presupone que se trata de
una trampa más, pero trampa o no, necesitará ese arma para acabar con el empresario y
llegar a su objetivo. El Asesino entonces utiliza una de sus habilidades furtivas, convirtiéndose en sólo una sombra y saliendo a
descubierto.
[SUMARIO DE PÁGINAS 108, 109, 110
Y 111] 14/Sep/01
Una mano, no mucho más
visible que una sombra, recoge el arma del suelo, y ahora el Asesino vuelve a ser peligroso y letal. Mientras corre a una
posición ofensiva, escucha el sonido del seguro de otra arma, y es entonces que descubre
que se trataba de una trampa. Confiando en sus instintos
se arroja inmediatamente al suelo esquivando un certero disparo que apenas roza su ropa.
Rodando sobre sí mismo responde al fuego. Una lluvia de balas en ambas direcciones.
Se protege tras un pilar para descubrirse otra vez con un solo arma. Es su pistola la que
se ha quedado vacía. Sólo cuenta con la de Kreutz ahora. Podemos ver a Kreutz refugiado
tras la hilera de bancos, al final de la estancia. Se ha practicado un torniquete para
detener la hemorragia de su hombro. Sabiéndose mejor posicionado que su enemigo, Kreutz
sin embargo es consciente de la herida que le ha hecho perder ya bastante sangre y busca
un fin rápido a la situación. Grita al Asesino que no hay escapatoria,
intentando provocar alguna reacción. El Asesino sólo le responde que debió haberlo
liquidado cuando tuvo la chance. Kreutz levanta su arma y asegura que no cometerá ese
error dos veces.
Antes de que el Asesino pueda pensar nada más, Kreutz acierta un certero disparo en el
mismo lugar dónde fue previamente herido. La bala atraviesa el hombro del Asesino y le
hace impactar sobre la pared. El Asesino se desmorona lentamente. Parece que ha llegado al
límite de su tolerancia. O así parece. Kreutz,
un hombre suspicaz por naturaleza, cree conveniente acercarse con precaución, temiendo
otra actuación del Asesino. Levanta su arma y considera que un balazo en la cabeza a
corta distancia debería terminar con él. Comienza a apretar el gatillo, cuando...
Un fuerte grito de "¡NO!" llena el recinto de la catedral. Kreutz gira su
cabeza para ver de quién se trata. Antes que pueda reaccionar o disparar, un rayo de
energía expelido por un par de puños da de lleno en su persona. Kreutz es elevado por los aires debido al impacto y aterriza varios metros
atrás destrozando un fila de bancos. El atacante de Kreutz no ha sido otro más que...
Michael, quién contempla la escena con cierto disgusto, al tiempo de quejarse por tener que utilizar los poderes que alguna vez
se prometió no volver a emplear.
[SUMARIO
DE PÁGINAS 112, 113, 114, 115, 116,
& 117]
28/Sep/01
Michael se aproxima al golpeado Asesino, aún en el suelo. Le pregunta si se encuentra bien. Aunque apenas se puede mover, ironiza sobre sólo una bala de 9
milímetros le acaba de atravesar el hombro. Michael lo ayuda a ponerse de pie y advierte
qué tan mal está su colega. El Asesino se quita los lentes y le pregunta a Michael cómo
llegó allí. Michael simplemente dice que cuando la comunicación se cortó, y ya como
él sabía dónde se desarrolaba el conflicto, simplemente entró. La herida del Asesino sangra copiosamente.
El Asesino le
agradece a Michael la intervención oportuna pero le aclara que tenía un plan B,
exponiendo el cuchillo bajo la chaqueta. Es el momento de las respuestas. Michael explica que el cuerpo, ahora
casi inerte de su atacante, es el de Joseph Kreutz, líder del Sindicato Kreutz durante el
día, y guardaespaldas personal de la Gema por las noches. Kreutz descansa inmóvil sobre los bancos rotos que lo recibieron
duramente tras su caída, la sagre aún brota de sus heridas, tiñiendo su camisa y la
madera sacra. Extrayendo nuevamente el cuchillo, el Asesino pregunta si debe finalizar su
trabajo. Michael le dice que no será necesario, que ha arrojado un red invisible
sobre Kreutz que lo hará dormir por quince horas como mínimo.
El Asesino
huele el ambiente. Busca a la Gema. Si bien Kreutz le acaba de dar la
paliza de su vida, su percepción sigue firme y sabe positivamente que la Gema estuvo en
el lugar. Michael comienza a vendar la herida en el brazo del Asesino y le pregunta si la
Gema supo su verdadera identidad. El Asesino no está seguro. Las vueltas del vendaje van
dejando atrás una herida horrible. La sangre deja de manar, y aunque provisorio, el
vendaje es efectivo. Michael pregunta el paradero de la Gema. Espera dice el
Asesino.
No son sus
lentes, no se trata de ninguna pantalla especial. Estamos viendo a través de los ojos del
Asesino, quién tiene la habilidad de visualizar los objetos más allá del espectro usual. Comienza haciendo un recorrido por las cercanías del templo
principal, descubriendo primero los cuerpos inmóviles de los soldados que ha derrotado
previeamente. De repente dice 'Ahí y de su índice extendido surge un potentísimo
destello de color esmeralda. El rayo de energía se pierde tras una puerta de salida,
indicando la locación de la Gema. Es obvio que Michael nunca ha visto este poder en manos
del Asesin. Sorprendido,
trastabilla para quitarse del paso de la luz.
¿Cómo diablos hiciste eso? le pregunta a continuación. Es claro que el Asesino acaba de descubrir este nuevo poder también,
pues no sabe la respuesta. Una puerta de madera ppesada que guía a un corredor interno es
el camino a tomar. Ambos hombres corren a través de él moviéndose muy rápidamente.
Finalmente arriban a las habitaciones de la Gema, un lugar familiar para el lector. El
Asesino dice 'Esta es' y de una tremenda patada abre la puerta.
Su
expresión cambia de la ira hacia la sorpresa. La Gema está allí, junto con John. El Asesino y Michael se encuentran
frente a frente a la Gema, quién ha capturado a John con su antebrazo y apunta un pistola
Walter directamente a su cabeza. Sonríe diabólicamente y le da una calma bienvenida al
Asesino. Además, agrega, 'Me alegra verte
por aquí'.
fin del Episodio VII
Episodio
VIII - Movimiento Final
The Assassin
Team
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